Un Ladrillo a la Vez

por Margaret y John Fleming

La historia del hotel Villa Granada va unida a la historia de Puerto Peñasco y a la vida de Roberto Fleisher y a la de su familia. Roberto nació en los Estados Unidos pero ha vivido en México la mayor parte de su vida. Él tenía las dos nacionalidades hasta que la ley cambió y fue obligado a escoger solo una. Él tenía un negocio en México, así que se quedó con la mexicana. Pero el se siente totalmente en casa en cualquier lenguaje o cultura. Ahora en sus 70's, el es una persona deliciosa e interesante, alguien que atinadamente podría ser descrito como un cortés caballero.
Roberto llegó a Puerto Peñasco a inicios de los 1960's para trabajar en el hotel Playa Hermosa; él había sido empleado de mostrador por 6 meses en Nogales cuando contaba con 19 años, después trabajó como contador en una maquiladora aún cuando su enseñanza preparatoria en la materia fue solo de un año.
Cuándo fue contratado como manager de El Playa Hermosa, él esperaba recibir algún entrenamiento, pero después de 2 ó 3 días el dueño dijo, "Adiós, té quedas con todo, me regreso a los Estados Unidos."
"¿Pero no van a quedarse para enseñarme más?" pregunto Roberto.
"Yo te contrate a ti para administrar," dijo el dueño. "Así que hazlo." Y se marcho.
Roberto lo hizo.
En aquellos días el Playa Hermosa era uno de los pocos hoteles del pueblo. Este tenía 20 habitaciones al frente y 12 detrás, así como también un bar y restaurante. En ese entonces se situaba frente al mar, en el área que ahora ocupa el hotel Plaza Las Glorias, y que fue un terreno ganado al mar. Este era definitivamente un lugar para llegar. Adinerados Americanos de Tucson y Phoenix lo hacían: dueños de agencias de autos como Kelly Rollings y Bill Breck, el alcalde de Phoenix y otros dignatarios.
Roberto tenía un salario además de un 10% de las ganancias. Pero como comenzó ha producir mucho dinero; el dueño se mostró renuente a pagar a Roberto su porcentaje. Roberto empezó a ver a su alrededor buscando algo más. La familia de su esposa conocía los dueños del viejo hotel Peñasco, también llamado La Posada--el hotel de piedra construido en 1928--y pregunto a ellos si querían rentarlo. En ese tiempo el hotel contaba con 4 habitaciones con aire acondicionado y baño privado y con otras 8 cuyos ocupantes tenían que usar los baños públicos.
Muchos de los clientes de Roberto del Playa Hermosa lo siguieron al Posada. Ahí algunas veces cuando ya no contaba con habitaciones, hacía acomodamientos en el lobby, la cocina y la lavandería. Una vez que su esposa había salido de la ciudad, él rentó su propio cuarto y durmió en el lobby con otros huéspedes.
Roberto y su esposa hacían casi todo, ellos contaban solo con 2 empleados, una encargada de limpieza y un velador nocturno. Él servía como contador, recepcionista, hombre de mantenimiento y cantinero. Su esposa atendía al porche del frente y también cocinaba.
En aquellos días la gente rica que poseía barcas, vivía en el puerto. La ciudad solo era una diminuta aldea, el Margarita Villa era un distrito de luz roja.
Roberto compró el terreno donde actualmente se sitúa el Villa Granada en 1965. Comenzó construyendo 2 habitaciones, las que son hoy en día la # 4 y # 5. No había nada sino desierto detrás de estas. Cuando él pudo construyó la sección # 1-3 y luego la # 6-10 y un patio al medio. Él plantó bugambileas en este. Seguía con la posada pero mandaba gente al Villa Granada cuando la posada se llenaba. El hotel lleva este nombre ya que una arquitecto amigo de Roberto dijo que su diseño era Marroco.
Existía otro hotel en el pueblo llamado hotel México, el cual estuvo donde ahora se encuentra el Delfín Amigable; este se quemo y no fue reconstruido.
Mientras que el Villa Granada crecía, ladrillo a ladrillo, Roberto pedía un préstamo a un banco a Hermosillo para construir el lobby, un restaurante y un bar. El lobby contaba con una hermosa chimenea de piedra. El préstamo a Roberto fue el primero que el banco otorgaba a un residente de Puerto Peñasco.
Por el tiempo en que Roberto agregaba el segundo piso al Villa Granada, dejaba el viejo hotel Peñasco, estaba muy ocupado para administrar ambos lugares. Mas tarde la tercer ala del hotel fue agregada, conteniendo 10 habitaciones mas, cada una contaba con una pintura original de la madre de Roberto. El heredó su talento y más tarde pintaría varias piezas que aun cuelgan en algunas de las habitaciones del hotel.
En los 1970's el hotel daba muchos banquetes. El presidente López Portillo y el secretario de hacienda Luis Echeverría se encontraban entre los huéspedes. Un tren de Mexicali trajo a mucha gente prominente al hotel.
Cuando el hotel se saturaba, Roberto solía usar su vieja estrategia. Una época de año nuevo, un grupo de adolescentes de una iglesia de Estados Unidos acampaba en la playa. El tiempo se puso tan violento que vinieron y lo rogaron a Roberto los dejara pasar la noche en el hotel. El no tenía habitaciones, pero hizo camas con cobijas y pasaron una hermosa noche. En otra ocasión la electricidad se cortó en las habitaciones pero por alguna razón permanecían en el bar; de nuevo Roberto saco cobijas e invito a todos a dormir en el bar.
En algún momento fue construida una enredadera entre las primeras 2 alas, las bugambileas treparon y eventualmente se expandieron completamente. Este era un lugar bonito y atractivo para estar sentado a fuera o para dar fiestas o banquetes.
Un amigo nuestro recuerda al hotel en lo 1980's. Cada domingo la cocina rostizaba una cerdo y había muchos platillos acompañantes. Todo el que tenía boleto podía comer tanto como deseara. Era una fiesta muy divertida semana tras semana. Durante las noches había música en vivo por músicos locales. El Villa Granada era el lugar donde definitivamente se daba la acción. A inicios de los 1990's cuando dejamos de acampar y comenzamos a conocer la ciudad, solíamos llegar al Playa Bonita, Costa Brava, Viña del Mar, Paraíso del Desierto. Pero amábamos al Villa Granada por su carácter. Para ese tiempo una alberca había sido agregada, pero era del tipo de plástico. Mas tarde se construiría una alberca real de concreto. El bar interior tendría ventanas que mirarían a esta así como también el comedor. Un restaurante nuevo fue agregado al final del edificio.
El hotel seguía siendo el de la acción y la diversión. Las mesas de billar de encontraban en el lobby y la música en vivo tocaba los fines de semana.
En los últimos años varios acontecimientos han afectado al hotel. Este ha cambiado de manos y administradores. Habiendo operado como esqueleto por algún tiempo ahora se encuentra en venta, su delicioso carácter aun continúa. La enredadera del patio se ha ido pero las bugambileas siguen creciendo y si fuera construida una nueva, estas volverían a treparla de nuevo y la cubrirían. El restaurante se encuentra vacío y el bar permanece en silencio, pero esto fácilmente podría cambiarse. Nosotros esperamos que alguien sé de cuenta de este potencial y regrese al hotel Villa Granada a su antigua gloria.



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